Las paces con lo perdido

“Que el viento todo lo barre,

eso dicen,

que el tiempo todo lo borra,

todo mentira.

A veces,

un sueño viene,

a recordarme que aún os recuerdo

que los que fuisteis importantes

os quedasteis ahí adentro.”

No me digas que fue un sueño,
que aquel ayer que vivimos
se diluyó en el olvido.

No me digas, tan solo,
que ya no somos quien fuimos,
que hace ya que dejamos de serlo.

De allí a aquí,
cuánto hemos perdido…
cuánto ha llovido…
Sí, ya sé,
también ganado,
tanto como hemos conocido,
tanto como nos hemos llevado.

Aún así, creo, en confianza,
que seremos siempre
un poquito como hubimos sido,
un poquito como siempre fuimos.

Que hay cosas que no se pierden,
que las hay, que al ganar,
se nos hacen indestructibles,
perennes en esencia
inmortales en el tiempo.

Y sí, creo que ahí estamos aún,
en parte los mismos que conocimos,
firmes e imbatibles,
aquellos que un día estuvimos
compartiendo el camino.

Pienso que un día haremos las paces,
con el pasado perdido,
deshechas ya las maletas de la desilusión y el desencanto,
que aquí y allá, peso inútil, habremos conducido.

Y sé que haremos nuestro el presente,
en compañía de todo lo aprendido,
conquistado ya lo importante, a nosotros mismos,
con ganas de, de nuevo compartirnos.

Que el tiempo pone a cada cual en su sitio
y la verdad es que intuyo que allí,
todos confluimos,
y al final,
como al principio,
el destino estará deseando volver a reunirnos.

Publicado en on octubre 18, 2009 at 8:23 am  Dejar un comentario  

Huérfanos del desengaño

Nos volvemos
tipos solitarios
de mirada profunda
y sonrisa franca.

Y en los ratos tranquilos,
cantamos a los sueños del desengaño,
invisibles volutas de humo
que se escurrieron en nuestras manos
como estatuillas de ceniza,
desmoronadas
de vuelta a la tierra de la que surgieron.

Somos sólo
soñadores que soñaron
que podían pintar un mundo
más auténtico,
menos frío,
más cercano.

Somos sólo,
huérfanos desarraigados,
diferentes,
más sabios,
con la sabiduría
que da jamás haber encajado.

Haber vivido cada día
buscando desesperados con qué respirar
y habernos desmayado tantas veces
asfixiados,
sin aire que empuje nuestras alas
más allá de la tristeza de la soledad y el abandono.

Haber sobrevivido
a tanta muerte
a tanto dolor,
y haber renacido tantas veces
condenados a la vida,
condenados a seguir buscando…
A seguir intentándolo.

Nos juzgáis mezquinos,
pretenciosos misántropos
incapaces de valorar
algo más que lo que entendemos.
Creéis que nuestra abstracción y retraimiento
es una obsesión que pagaremos cara.

Y nosotros nos alejamos
de vuestra incomprensión
que hiere,
y buscamos la paz de quien no juzga,
de quien no necesita comprender
para acunar un alma desfallecida,
para estar ahí siempre,
sin pedir nada.

Nos consagramos,
leales a quien nos es leal,
abrazados a lo auténtico
y rabiamos hermanados
a una esencia vilipendiada
que no sabe o no puede defenderse.

Somos ángeles caídos
que jamás fueron ángeles
y nacieron ya en el suelo.

Somos refugiados,
de una guerra
que cuesta ver
pero existe.

Dejamos atrás amores,
amistades y mentiras,
que fueron verdad
mientras en ellas pudimos creer…
hasta que al final
traicionaron nuestra confianza.

Nos hicimos fuertes en la soledad,
en la dureza y el desamparo
y hoy somos,
guerreros llenos de cicatrices,
serenos y oscuros pozos
resguardados y reservados
a aquellos que no temen
lanzarse a nuestras aguas.

Y sólo a ellos
debemos y dedicamos nuestras vidas,
para siempre,
hasta que se extinga nuestra llama.

Publicado en on octubre 18, 2009 at 8:14 am  Dejar un comentario  

Ven

Ven, dame un abrazo
que estoy cansada
de tanto peso en las espaldas,
tanto dolor arrastrar…

A veces me siento tan sola…
la caprichosa brisa a menudo enmudece
me niega caricias,
y no seca mis lágrimas de sal.

Nada frena su fluir furioso
por esos cauces profundos,
arrugas invisibles de daño, angustia y pena,
que tras tantos años,
han conseguido labrar.

Que ya son demasiados guijarros
bajo suelas desgastadas
de pies lacerados
que no pueden dejar de caminar.

Sólo pido un abrazo,
largo, que no se quiera acabar,
para que pueda creer que quizá nunca acabe
y que esos brazos que me salvan,
no me van a desabrigar.

Lo lamento, pero es que estoy tan harta de hablar…
¿y qué otra cosa cabía esperar?
si las palabras ya no me acercan
a quien ni me puede ni me quiere alcanzar.

Me habéis dejado sola tantos,
tantos me habéis querido abarcar…
sin lograrlo ni uno sólo
excepto quienes de sí ya no pueden dar más.

Maldita sea, ya basta,
ya es hora de que el viento empiece a soplar,
hace mucho, mucho tiempo
que apenas si puedo respirar.

Me toca ya,
demasiado me lleva tocando
y no me acaba de tocar.

No sé, no lo entiendo,
¿acaso no recogía,
el que se esforzaba en sembrar?

Publicado en on septiembre 20, 2008 at 12:22 am  Comentarios (3)  
Tags:

Carta póstuma

Te echo de menos, cariño mío…

Lo típico, no funcionó, no éramos el uno para el otro. ¿Pero, acaso lo somos para alguien?

No lo creo. Simplemente dejamos que muriera, no supimos alimentar ni el fuego ni el alma. Y la llama se extinguió. Nos rendimos a una evidencia, cruel desenlace, para un desafío a la soledad y al hastío, una batalla contra la desilusión y el olvido.

Perdimos los dos y a despecho de la pérdida, nos inflingimos una herida a nosotros mismos, una mutilación en el corazón que arrastraremos de por vida.

Quizá me olvides, mi vida. Quizá dejemos de recordar lo que sentíamos el uno por el otro… pero aquel invierno y entre pétalos de almendro, tú y yo firmamos un contrato, hipotecando nuestra capacidad de amar y sentir a un pago que dejamos de satisfacer, ambos. No pudimos hacer más, ya no estaba en nuestra mano… ¿verdad? Quizá sí, ¿cómo vamos a saberlo?.

Yo sólo sé que al final, decidimos incumplir el contrato y nos convertimos en morosos. Y el alma, niño soñador, no admite impagos y nos embargamos el uno al otro, un trocito para siempre.

Espero, pequeño, que aprendas a vivir con tu mutilación y te superes. Sé que de los dos, si alguien puede hacerlo, ese eres tú, pues juegan a tu favor muchas de tus cualidades, todo lo contrario que las mías, que no van a ponerme las cosas fáciles.

Las cosas nunca son fáciles en mi vida…

Pero éste es mi camino y yo soy todo lo que puedo ser quien quiero ser. Y eso está bien, por duro que sea, cada día de este tránsito por la existencia.

Cuídate siempre y no te pierdas.

Yo a ti… ya no puedo voler a perderte, porque te guardaré para siempre en el aroma de los pétalos de almendro, entre las páginas amarillentas de nuestro pasado.

[Obviamente, no debería estar escribiendo esto, que no es para nada ficción literaria, porque mañana tengo un examen y madrugo. Pero bueno, ha sido culpa de Radio Rivendell... Al menos espero que lo leas algún día y si no lo haces, que al menos pueda aprovechar a cualquiera que caiga aquí por alguna casualidad de la vida.]

Publicado en on junio 5, 2008 at 12:59 am  Comentarios (1)  
Tags:

Niña perdida

Quítamelo,
sálvame de esta tortura,
llévate el dolor,
llévate la amargura.

Abrázame,
que soy una niña perdida,
en mitad de la nada,
niña que llora sola
acechada por el miedo
envuelta en desconsuelo.

Sálvame,
a fuerza de cuidados y caricias
hazlo huir lejos,
sácamelo hoy aunque mañana,
de nuevo, como siempre, retorne.

[Sé que no es muy bueno, pero con la vista borrosa se diluyen las palabras]

Publicado en on mayo 29, 2008 at 6:25 pm  Comentarios (4)  
Tags:

Castillos en la arena

Nuestras vidas no son ríos
son castillos,
castillos en la arena,
preciosas construcciones
hechas del día a día,
con ladrillos de detalles hermosos.

Castillos efímeros,
que apenas duran un suspiro
antes de que los borre el océano
y vuelvan de nuevo al seno materno.

Mi vida es un castillo,
que se yergue desafiando a la marea
y se perfila tras un sol
que hace brillar su grandeza.

Y sé que se lo llevará una ola,
y nadie permanecerá en la orilla
para recordar su belleza.

El eco de esta vida
que tanto esfuerzo cuesta levantar,
se perderá en el vacío,
en la misma nada en la que tuvo que empezar.

Pero son las cosas livianas, perecederas,
las que con más intensidad alimentan mi ser,
el vuelo del cernícalo, un rayo de luna, un amanecer…

¿A quién alimenta pues mi vida?
¿Quién llora emocionado
al ver mi pequeño y frágil castillo de arena
elevarse hacia un cielo demasiado distante?
¿Quién sonreirá conmovido
cuando al fin se borre en el olvido?

[Últimamente estoy un poco... puuuufff... ya me entendéis.]

Publicado en on enero 21, 2008 at 6:40 pm  Comentarios (4)  
Tags:

Toc toc

“Toc, toc, toc”

- ¿Quién es?

- Quién va a ser… ¿me dejas entrar?

- No, mejor no.

- Y qué más te dará…

- Prefiero no verte la cara, si te soy sincera.

- Es la que tengo, nadie lo puede evitar.

- Eso dicen.

- Entonces ¿no me vas a abrir?

- No, no te abro.

- Venga mujer, me echas de menos, soy parte de ti. No me puedes repudiar así.

- Lo sé. No te repudio. No podría. Pero estoy mejor sin ti.

- Pero volveré, ya lo sabes.

- Sí, eso también lo sé.

- Y entonces, ¿Por qué te empeñas en alejarme?

- Porque mientras tenga fuerzas, no voy a permitir que me hagas daño.

- Ya te faltarán. Yo no me alejo de la puerta, ¿sabes? Aunque no me oigas.

- No me hace falta oírte, bien te conozco. Nadie me ha sido tan fiel como tú y nadie me ha robado tanto.

- Algo bueno te habré dado.

- Supongo, también dicen que de todo puede sacarse algo bueno. Pero hoy las cosas son distintas. Creo que ya no puedes enseñarme nada bueno. No quiero que pases, no insistas, no te voy a dejar.

- Y sin embargo, me hablas desde la puerta, sabiendo que nos separa sólo un frágil pedazo de madera.

- ¿Qué ganaría teniéndote miedo? Aunque nos separara un cristal fino como el hielo, si yo no quiero que pases, no podrás pasar.

- Ah, mira que valiente. No te mientas a ti misma, sabes perfectamente que cuánto menos haya de por medio entre nosotros, más cerca estás de abrirme. Si esta puerta fuera un cristal, no serías tan valiente. Siempre acabas flaqueando…

- Esta vez no. Ahora es diferente, ya te lo he dicho.

- ¿Y qué es lo que ha cambiado?

- Yo. He abierto los ojos. Nunca te tuve miedo, porque nunca me importó el daño que me hacías.

- Te contradices, chiquilla. Acabas de dar a entender que sí me tienes miedo.

- No tengo miedo a que estés ahí, detrás de la puerta. No tengo miedo a que existas y seas tan terrible. Pero sí que tengo miedo a lo que sé que vas a hacerme. Ya me lo has hecho suficiente como para saber lo que harás en cuanto te abra. Ya he recibido suficiente como para saber hasta dónde puedes llegar. Ya he tenido suficiente de ti.

- Vaya, yo estaba convencido de que no tenías límite.

- Eso creía yo también, pero te insisto, abrí los ojos. Ahora sé que tengo dos límites.

- ¿Dos? ¿Y cuáles son?

- El penúltimo y el último. Pero no voy a darte el gusto de verme derrotada.

- Jajaja, ya caerás.

- Quizá, pero hoy no. Vete ya.

- No me iré. ¿Cuántos días crees que te quedan ya? ¿Cuánto crees que podrás aguantar?

- No lo sé. Pero no me importa. Lo mismo me da uno que mil que un millón. Me importa el día de hoy. Y hoy te vas a quedar ahí y yo me voy ya, porque me aburres y aún tengo mucho que hacer.

Publicado en on noviembre 26, 2007 at 10:01 pm  Comentarios (2)  
Tags:

A ti

Ya está bien,

de lamerte las heridas,

¿no ves que la sangre no deja de salir?


Déjalo ya,

te mortificas sin motivo,

¿no ves que te desangras?


Tú no quieres morir,

no quieres desesperanza ni amargura.

No te da igual el dolor

aunque lo sepas tu más fiel amigo.


Entiendo que nada es como debería,

de dónde viene esa insatisfacción

y qué te lacera día a día.


Pero ya basta de hacerte daño,

de repetirte infamias

una y otra vez,

de creer que te crees

todo eso que en verdad

sabes que es mentira.


No cicatrizarán,

¿crees que no lo sé?

puede incluso, y es probable,

que acaben infectándose.


Pero si sigues perdiendo sangre

no vas a resistir mucho más,

y venga, vamos,

no me digas que no quieres descubrir

si era o no, de lo cierto un disfraz

que no mereciera la pena vivir.


Y si en verdad eres tan cobarde

y prefieres acabar con todo ya

hazlo de una y no te tardes,

por los dioses, deja ya de agonizar.


Sabes por qué no lo vas hacer,

es el miedo a la nada,

a no tener ni siquiera,

nada que perder.


Por eso deja de restarte,

de creerte tus engaños.

Sí, así es más cómodo soportarlo,

aunque siga sin ser sencillo.


Pero tienes que abrir los ojos

porque aún tienes miedo

pero el día en que lo pierdas,

de ti,

nada ni nadie podrá salvarte.


[Esta va para mí, ver si logro abrirme los ojos a mí misma cuando se me peguen los párpados por la pus. Sin embargo, mentiría si no confesase, que espero que también ayude en lo que sea a alguien más. ]

Publicado en on octubre 29, 2007 at 8:24 pm  Comentarios (2)  

A mis espaldas

Pesan mis párpados,

pesa levantar la vista

y curvar los labios

para regalarle al mundo una sonrisa.

Lloraría hoy

y regaría con más de una lágrima

esta selva hostil

por la que me abro paso a golpe de espada.

Y al resbalar hasta el suelo

se reflejaría en cada gota

un trocito de miseria,

una imagen obsequiante de desconsuelo.

No cesa el clamor de esta alma enferma y rota

a la que nunca le bastaron los placebos.

Y su grito desesperado

no es más que un sollozo que se ahoga

entre mil suspiros mal disimulados

y tantos puñetazos impotentes,

en amargura y rabia impregnados.

Yo me quedaría adherida a un abrazo,

dormida para siempre al calor de vuestro cariño,

mientras el tiempo decide detenerse en una eternidad

donde sólo importa que ahí estáis y que siempre lo habéis estado

Pero sería el mío un sueño sin sueños

vano, como esta existencia desvivida

absurdo, como este caminar sin camino

sin reintegro, como este esfuerzo inútil que prodigo.

Lloraría hoy

y me abandonaría al olvido,

pero se me escaparían esos sueños

que en este mundo nunca han cabido.

Se me escaparía esa vida que alquilé sin quererlo

para errar en busca de algo que no se revela,

a machetazos de esfuerzo desmedido

y entre rugidos de lícita irreverencia.

Así que, ni lloro ni olvido,

ni duermo ni me detengo

durante un tiempo que no poseo

para extraviarme tras un descanso

que no me dará el perderlo.

Y sigo adelante sin motivo aparente,

sigo adelante porque quiero y más nada no tengo,

sigo porque estáis a mi lado, vosotras, mi gente…

Sigo porque aún tengo la caricia

de la madre que siempre me comprende,

del soplo fresco de la esperanza inmortal

que dicen, que hasta el último suspiro no se pierde.

Publicado en on octubre 16, 2007 at 7:57 pm  Comentarios (7)  

Un lugar para nosotros

Mandaron sicarios
para mis sonrisas de ángel.
Cortaron uno a uno y sin piedad
los hilos de mi fe.

Emponzoñaron mi espíritu
con mezquina alevosía
asfixiando el orgullo,
disipando la fuerza.

Son demonios,
demonios invisibles,
hechos de negaciones,
de verdades impuestas
e ingratas…
de obsequiosos regalos de miseria.

Demonios impíos,
nacidos de intenciones crueles,
de inconsciencias malsanas;
campan a sus anchas
hiriéndonos sin motivo.

Somos el clan de los lisiados,
el pueblo de los tullidos.
Tristes sombras que van vagando
en el vacío del holocausto.

Toma mi mano,
hijo del dolor y la impotencia,
te regalo la poca luz que aun me queda.

Quiero calmar tu sed,
con el último trago que me resta.

Únete a mí,
hermano de la barbarie,
pues de nuestra unión,
de nuestro amor altruista,
brotará un hogar para nosotros
en esta tierra de nadie.

[Tremendista poema que bien entendido, no lo es tanto]

Publicado en on junio 6, 2007 at 2:52 pm  Comentarios (5)  
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.